El loco ajedrecista y
yo
Cristóbal Camejo Linero
Un cerebro de
grandes dimensiones apareció esa tarde en los cielos de Maracay. Muchos
corrieron atemorizados y algunos desmayaron ante las extraordinarias magnitudes,
nunca vistas, de esa masa de tejidos nerviosos. Desde aquí puedo ver que
manifiesta una variación cromática que va del color rosa más intenso hasta un
profundo púrpura y además prorrumpe continuamente manifestaciones lumínicas,
centelleantes que juzgo pueden ser por la alta tensión de la carga eléctrica
que internamente debe generar, evidentemente para poder contener o justificar
tanto engrosamiento de características sobrenaturales; considero que esa
aglomeración en cualquier momento puede causar una serie de descargas de gran
intensidad y fulminar la ciudad entera. Jamás he escuchado el tronar de un
cerebro tan enorme. Según las mediciones que he realizado hasta ahora esa
monstruosidad tiene mil doscientos codos de longitud, dos cientos codos de
anchura y ciento veinte de altura.
El loco
ajedrecista, que vive al lado de la ferretería, salió corriendo para la avenida
con su ajedrez y comenzó a gritar repetida veces al ciclópeo cerebro: “¡Te reto
a una partida!”. Policías y militares, que en ese instante llegaban, lo
detuvieron pero sin darle paliza. Sin embargo, el resto de los que allí estaban
quedaron estupefactos ante las encendidas exigencias del loco. Terminó
librándose de los militares y policías y caminaba de un lado a otro maldiciendo
mientras agitaba su vasta cabellera gris (el mismo acto como cuando no tomaba
la medicación).
Para la sorpresa
de todos, el cerebro comenzó a descender. Policías y militares apuntaron sus
armas esperando la orden para disparar, lo mismo que algunos malhechores que
acostumbran a robar por aquí. En ese momento pudimos escuchar, pero
internamente, una voz potente y grave que decía: “Tú humano, ¿te atreves a
jugar ajedrez con el cerebro más grande y poderoso del universo?”. El loco,
mirando fijamente a la monstruosidad cerebral, gritó eufóricamente: “¡Sí, sí
quiero!”. En seguida todos volvimos a escuchar la potente y grave voz decir lo
siguiente: “Muy bien. Sí jugaremos pero no aquí en medio de la avenida sino en
un triángulo circunscrito que hice en el Triángulo de Las Bermudas.” El loco
inmediatamente respondió señalándolo: “No, no, tú no me llevarás a esa antigua
trampa alienígena. ¡Ja! No hay que conocer mucho sobre trigonometría
extraterrestre para saber que en cualquier punto de ese diabólico triángulo
podría ser absorbido hacia otras dimensiones, sea por catetos o hipotenusa, y
así perder la partida. No me creas tan estúpido por favor.” El cerebro hizo un
breve silencio y reconoció diciéndonos… “Este hombre tiene un pensamiento muy
hábil y realmente me sorprende. Estoy ahora en su mente y su destreza en
matemáticas es impresionante. Tiene en su memoria, a corto, mediano y largo
plazo, una amplia cantidad de información en cálculo y geometría que aquí en
esta ciudad nadie posee. Lo que podría hacer en física sería impresionante.
Pero aún no lo sabe aplicar. Amigo, escúchame, te puedo asegurar que en ese
triángulo no te perderás en sus dimensiones. ¿Aceptas jugar conmigo?”. El loco,
al escuchar esos elogios salivaba exageradamente. Luego en completa calma
agradeció y dijo: “¡Sí Sr. Cerebro acepto jugar con sus condiciones!, pero, una
pregunta: ¿cómo llegaré a ese triángulo circunscrito que hizo en el Triángulo
de las Bermudas?, he estado estudiando los fundamentos de la psicotrónica pero
no sé si pueda llegar hasta allá, no creo que pueda crear tanta energía y
aparecer allá”. El cerebro le contestó: “No te preocupes, sólo observa”. A
continuación, con sorprendentes poderes telequinésicos, tomó 9 contenedores
llenos de basura de varias casas, 3 colchones y 6 microondas que el día de ayer
habían desechado en una residencia del barrio, además del armamento de los
policías y militares y de los sujetos armados que acostumbraban a robar por
aquí. Fue un prodigioso espectáculo ver cómo el colosal cerebro fusionaba,
desconstruía con una inteligencia suprema los constituyentes fundamentales de
todos esos cuerpos para crear algo nuevo. En ese instante, inesperadamente,
mientras contemplábamos la creación de insólitas aleaciones empezamos a
recibir, pero muy violentamente, series prolongadas de todo tipo de información
extrasensorial, no sé de dónde o desde cuál fuente nos fueron transmitidas
explícitas predicciones de acontecimientos catastróficos y apocalípticos, era
incontrolable psíquicamente detenernos y tomar conciencia de lo que nos ocurría,
llegaban a nuestras mentes eventos del pasado de millones de personas que ni
siquiera conocíamos, junto a memorias detalladas de cada instante atómico del
primer tiempo de los períodos más antiguos del universo y su posterior
evolución como si hubiésemos estado ahí. Cada uno de nosotros tenía un remolino
enorme de información en medio de nuestras frentes. Clamábamos las revelaciones
y no nos entendíamos, las palabras eran de otras lenguas. El procesamiento de
esta gran masa de datos, creo que sería medida en terabytes, nos ocasionó
fuertes dolores de cabeza, mareos, náuseas, llantos, crujir de dientes y
vómitos. Varios ancianos que venían de madrugar para retirar efectivo del banco
no resistieron y murieron de infarto o derrame cerebral. Aquella tarde todos
los maracayeros caímos de rodillas perdiendo cualquier posible noción de la
realidad.
“En esta especial
nave te llevaré hasta El Triángulo de las Bermudas. Ya puedes subir con tu
ajedrez.”. El loco quedó maravillado ante tal creación. Dentro de la
extraordinaria máquina vio algunos detalles electrónicos, botones que podría
corregir y probablemente mejorar para la sincronización pero prefirió no
molestar o no parecer presumido ante el trabajo de ingeniería del gran cerebro.
Quedé estupefacto cuando el monstruo cerebral se dirigió a mí hablando sólo a
mi mente y en tono de mandato: “Tú judío, que temprano has medido mis
dimensiones y colores, vendrás con nosotros. Necesito que alguien realice la
notación algebraica de esta partida.” Yo empalidecí y quise resistirme, pensé
en huir o meterme rápidamente en la panadería y perderme en el laberinto de las
sillas y mesas bifurcadas, pero fui llevado en levitación hasta dentro de la
nave. Recordé, en segundos, como mi antiguo amigo A. K., dentro de su habitación
y rodeado de moscas, pudo armonizar en su mente, a través de una maquinaria
tipo fractálica, un enorme espiral que giraba a altas velocidades cercanas a la
de la luz. Su objetivo general era hacer ver el movimiento de todos los relojes
que en el mundo pudieron haber existido, existen y existirán. Predecía en un
tiempo lineal y absoluto todos los tiempos que fueron, son y serán. Tocan ahora
su puerta. Era su cerebro que lo había dejado afuera.
En cuestión de
segundos ya estábamos en un triángulo dorado rodeado de aguas turbulentas.
Tenía cierta movilidad, aunque muy débil, a pesar de las espantosas las fuerzas
con que el océano se agita aquí, además de los vientos y otras cosas que
percibo que no sabría explicar. Sólo hay una mesa negra enfrente. Aún es clara
la tarde, y se pueden observar el sol y la luna pero veo que poseen rostros de
extraños críptidos que se inscriben pero también se los intercambian
continuamente. Veo pirámides egipcias, mayas y aztecas flameando por doquier.
El monstruo cerebral no ha llegado, seguramente debe estar ya cerca. Verifico
si puedo seguir narrando en la omnisciencia, hago los respectivos ajustes y
mediciones para comprobar si puedo saber lo que piensan, sienten y actúan todas
las cosas en este mundo, o al menos de lo que puede haber ahora aquí en este
flotante triángulo dorado circunscrito en el océano. Pero cada vez se hacen más
fuertes las interrupciones de las ondas electromagnéticas que nos rodean al
loco ajedrecista y a mí.
Kafkiano... te felicito.
ResponderEliminarExcelente cuento = clase mundial.
ResponderEliminarSaludos. Muchas gracias.
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